Conferencia – Nuevas metas en Periodoncia: Clasificación de las enfermedades Periodontales y Periimplantarias – Parte II

Transcripción de la ponencia de la Dra. Rocío Marco y la Dra. Raquel González organizada por el Centro de Estudios Odonto-Estomatológicos de Valencia (CEOE) en el salón de actos del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia (ICOEV).

PARTE II

Pero en la clasificación actual la simplifican más, englobando la B y la D en Gingivitis inducida por factores sistémicos o locales y modificando la clase C en Hipertrofia gingival inducida por medicación.

Y así pasamos ya a la segunda gran categoría, la de Periodontitis, que sin duda es la que más cambios ha sufrido. Dentro de la misma, nos encontramos con las enfermedades periodontales necrotizantes, la Periodontitis y la P. como manifestación de enfermedades sistémicas.

En la clasificación de 1999, el consenso estableció que la GUN y la PUN debían ser llamadas enfermedades periodontales necrotizantes (EPN). El grupo acordó que ambas patologías se asociaban a pacientes con resistencias sistémicas disminuidas frente a infecciones bacterianas y se debía eliminar la palabra “ulcerativa”, porque no siempre se presentaba esta lesión clínica.

Este enfoque, sin embargo, no consideró las grandes diferencias en prevalencia, riesgo de progresión, extensión y severidad de las EPN entre pacientes con diferente predisposición.  Por ejemplo, la EPN en un paciente con VIH o en un niño malnutrido de un país en desarrollo puede representar una amenaza para la vida de ese paciente. Mientras que, en un adulto fumador con altos niveles de estrés de un país desarrollado, va a ser una condición importante pero nunca letal.

Es decir, pacientes comprometidos de forma crónica a nivel sistémico gravemente tendrán un mayor riesgo de sufrir EPN y de una progresión más grave y rápida que un paciente comprometido o susceptible temporalmente (estrés), donde por ejemplo una gingivitis necrotizante, puede no progresar.

Por eso Herrera D y colaboradores proponen la siguiente clasificación donde hay dos grandes grupos: pacientes comprometidos de forma crónica y severa y haciendo una distinción si el paciente es adulto o niño. Y pacientes comprometidos de forma moderada y durante una duración limitada.

Y pasamos ya a la subcategoría de Periodontitis. Durante los últimos 30 años, la clasificación de periodontitis ha sido modificada varias veces en el intento de alinearla con la evidencia científica emergente. Por ello, en la gran categoría de Periodontitis, se consideró que debía existir la subcategoría de enfermedades periodontales necrotizantes, periodontitis como manifestaciones de enfermedades sistémicas, y las formas de patología previamente reconocidas como agresiva y crónica se englobaron dentro de la misma subcategoría “Periodontitis”. Sin duda es esta entidad la que más cambios ha sufrido en la nueva clasificación. En este caso, para los cambios propuestos en la clasificación de 2017 el comité de expertos creo un grupo de trabajo, donde se revisaron cinco estudios muy representativos y tras analizarlos llegaron a varias conclusiones:

  1. No hay evidencia de que exista una fisiopatología específica que permita diferencias la p. crónica de la p. agresiva. No obstante, hay múltiples factores e interacciones entre ellas, que van a influir en resultados fenotípicos observables clínicamente a nivel individual.

La media de ratio de progresión de periodontitis es elevada en la población mundial. Y algunos sectores de la población presentan una progresión de la enfermedad diferente, mayor CAL.

Y por último una clasificación basada tan sólo en la severidad de la patología, cómo la de 1999, va a carecer de otros aspectos importantes de la enfermedad, como las dificultades que van a influir en el enfoque terapéutico, los factores de riesgo que van a influir en los resultados del tratamiento, y el nivel de conocimiento y experiencia requeridos para poder tratar al paciente.

Por ello se decide crear ciertas definiciones clínicas como la de periodontitis que se define la como inflamación causada por bacterias y mediada por la respuesta del huésped que resulta en la pérdida de inserción periodontal.

Se calcula por medio de la variable “pérdida de inserción clínica” y se evalúa circunferencialmente el diente erupcionado con una sonda periodontal estandarizada tomando como referencia el límite amelocementario.

Desde un contexto clínico se describe como la pérdida de inserción (P.I) interproximal  en dos o más dientes no adyacentes, o bien, pérdida de inserción clínica vestibular ≥3 mm con bolsas periodontales > 3mm detectable  en dos o más dientes.

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