sibo y enfermedades de las encias

SIBO y enfermedades de las encías

SIBO y enfermedades de las encías

SIBO es el acrónimo en inglés de «Small Intestinal Bacterial Overgrowth», es decir, “Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado”.

Hablamos por lo tanto de una disbiosis, una alteración del equilibrio de la microbiota intestinal que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades crónicas relacionadas con el sistema digestivo.

La diferencia del SIBO frente a otros tipos de disbiosis intestinal es que el sobrecrecimiento de bacterias se produce en el intestino delgado, cuya misión en el proceso digestivo es absorber los nutrientes de los alimentos y en el que, normalmente, deberíamos encontrar menos bacterias que en el colon.

De hecho, en un sistema digestivo sano, podemos encontrar  trillones de bacterias, pero la mayoría están en el intestino grueso o el colon. El sobrecrecimiento bacteriano al que se refiere el acrónimo protagonista de este artículo se produce cuando las bacterias que viven en el colon se desplazan y/o proliferan en áreas del sistema en las que no deberían estar.

Esta proliferación bacteriana en el intestino provoca síntomas como hinchazón abdominal, exceso de gases, dolor o molestias abdominales, diarrea, estreñimiento, fatiga o deficiencia de vitaminas como la B12 como consecuencia de la mala absorción de nutrientes. En casos severos, se puede apreciar como síntoma una pérdida de peso involuntaria y reseñable.

SIBO y enfermedades de las encías

Aunque esta relación es compleja y aún está siendo investigada, existe evidencia científica que sugiere una potencial conexión entre el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado y enfermedades de las encías como la periodontitis.

La salud bucodental y el intestino están – evidentemente – conectados, ya que la boca es el punto de entrada al tracto digestivo y las bacterias orales pueden, en ciertos casos, influir en la microbiota intestinal.

Y es que cuando la microbiota intestinal se ve comprometida, algunas bacterias orales pueden llegar al tracto digestivo y contribuir al desequilibrio bacteriano característico del SIBO. Este intercambio podría empeorar la inflamación tanto en la boca como en el resto del sistema digestivo.

Enfermedades de las encías como factor de riesgo

La relación entre la periodontitis y trastornos como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, que provocan la inflamación crónica del tracto gastrointestinal, han sido profusamente estudiados. Existe evidencia científica que apunta a que las enfermedades periodontales causadas por un crecimiento excesivo de bacterias patógenas en la boca, están asociadas con inflamación sistémica, que, a su vez, puede influir en la salud intestinal. Estudios han demostrado que enfermedades como la periodontitis pueden provocar una respuesta inmune excesiva, lo que podría empeorar condiciones inflamatorias en el intestino, incluyendo SIBO. De hecho, bacterias relacionadas con enfermedades de las encías, como ciertas especies de klebsiella y enterobacter, han sido implicadas en el agravamiento de la inflamación intestinal en modelos experimentales.

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Patologías con influencia bidireccional

Tanto en los trastornos intestinales citados como en enfermedades sistémicas como la Diabetes, se ha detectado una influencia bidireccional entre estas patologías y la salud de las encías. Es decir, la diabetes, por ejemplo, puede ser un factor de riesgo para enfermedades como la periodontitis y viceversa. Y los últimos estudios parecen apuntar a que el SIBO y las enfermedades de las encías podrían interrelacionarse del mismo modo.

Un intestino comprometido por dicho trastorno de sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado puede influir en la salud bucal. De hecho, la evidencia – y el sentido común, si se nos apura – apunta a que la malabsorción de nutrientes consecuencia del SIBO puede conllevar deficiencias vitamínicas que pueden acabar afectando la salud de las encías y los tejidos de la cavidad bucal. Incluso, la inflamación sistémica provocada por SIBO podría exacerbar enfermedades bucales preexistentes.

Por este motivo, y debido a que el SIBO provoca un déficit en la absorción de nutrientes, vómitos y diarreas, este cuadro sintomatológico genera trastornos o lesiones en la cavidad oral como aftas bucales, pústulas, ampollas o vesículas, lengua saburral, lengua descamada, glositis migratoria benigna, lengua seca o alteraciones en las papilas gustativas.

Incluso los labios pueden verse afectados por queilitis (boqueras), glosodinia y pueden darse cuadros de halitosis, caries más frecuentes y el ya mencionado mayor riesgo de periodontitis.

La acidez, el reflujo y la concurrencia habitual de vómitos, pueden, además, alterar el pH de la cavidad bucal provocando o incrementando la presencia de estos trastornos orales e incluso favorecer el desgaste del esmalte dentario.

Aunque la evidencia es preliminar, la relación entre SIBO y las enfermedades de las encías subraya la importancia de abordar la salud digestiva y bucal de manera integrada. Investigaciones adicionales podrían ayudar a entender mejor esta conexión y guiar tratamientos específicos.

Considerar esta interrelación podría ser interesante para explorar enfoques terapéuticos basados en el cuidado integral del microbioma.

Factores de riesgo de SIBO

Además de los factores de riesgo habituales de los trastornos del sistema digestivo como el estrés, el consumo de alcohol o el sobrepeso, se han identificado factores de riesgo para SIBO entre los cuales podemos destacar:

  • Anormalidades anatómicas (como la diverticulosis del intestino delgado).
  • Cambios estructurales post-quirúrgicos como la resección de la válvula ileocecal, bypass gástrico o Y-de-Roux
  • Fármacos que disminuyen la motilidad intestinal: narcóticos, anticolinérgicos, antidiarreicos.
  • La falta o ausencia de ácido gástrico por cirugía, gastritis autoinmune o por antiácidos inhibidores de la bomba de protones.
  • Alteración de la motilidad del intestino delgado.

Tratamiento de SIBO

Al igual que la propia enfermedad, el tratamiento de SIBO todavía requiere mayor estudio y apoyo de evidencia científica. En estos momentos, la orientación del tratamiento de SIBO se enfoca en lograr la remisión, mantenerla y diagnosticar la causa directa/indirecta de SIBO para su tratamiento.

Aún así, se suele proceder con tratamiento antibiótico de amplio espectro durante 2 semanas (amoxicilina, rifaximina, ciprofloxacina, etc.). En pacientes con alergia a los antibióticos o con baja respuesta a sus dosis óptimas, se aconseja una dieta elemental (fórmulas nutricionales donde los nutrientes están digeridos) de manera temporal para conseguir la remisión.

Tras la remisión, están ampliamente aceptados los fármacos promotores de la motilidad intestinal y una dieta baja en FODMAP (carbohidratos de cadena corta y alcoholes relacionados que son mal absorbidos en el intestino delgado. Acerca de este último tratamiento, no hay ningún estudio que compruebe los efectos de este tipo de dieta en SIBO, aunque, teóricamente, una dieta baja en alimentos fermentables disminuye la probabilidad de sobrecrecimiento bacteriano por un ambiente menos favorable para ello en el intestino.

Por otro lado, un estudio reciente muestra que la suplementación con probióticos puede reducir el sobrecrecimiento bacteriano, reducir las concentraciones de hidrógeno y aliviar el dolor abdominal.

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Instituto CIMEV | Clínica dental en Valencia